El estrés en exceso puede elevar la hormona del cortisol e influir en la microbiota intestinal, las emociones y la forma en que te relacionas con tu pareja. Descubre qué ocurre en tu cuerpo y qué hábitos saludables te ayudan a recuperar el equilibrio físico y mental.
Por Sheyla Mosquera
“Cuando estaba estresada, sentía punzadas en mi estómago y se me aceleraba el corazón. Esto sucedía cada vez que discutía con mi esposo”, cuenta María José, una ecuatoriana de 30 años que trabaja como vendedora en línea.
Las discusiones eran a diario y los problemas digestivos también. Ante esos malestares, ella cruzaba los brazos sobre su abdomen con la esperanza de que desaparecieran, pero eso nunca sucedía.
Por eso, María José acudió a un médico familiar, quien le explicó que sus síntomas podían estar relacionados con el exceso de estrés y cortisol. Entonces, le recomendó buscar atención especializada para que recupere su salud física y mental.
“Eso hice. Acudí a un gastroenterólogo para tratar mis punzadas en el estómago. Incluso, fui a terapia con una psicóloga clínica. Fue así como aprendí a controlar mis emociones.”
Lo que experimentó María José no es un caso aislado. El estrés excesivo no solo afecta a tu organismo, sino también a tu estado de ánimo. Incluso puede influir en la forma en que te conectas con los demás.
Pero ¿qué dice la ciencia médica al respecto? Las investigaciones indican que detrás del estrés prolongado está el cortisol. Es una hormona que responde ante situaciones de tensión y la producen dos pequeñas glándulas situadas encima de cada riñón.
De ahí la importancia de reconocer las señales que el estrés y el cortisol te están dando: desde el plano biológico —como la microbiota y los síntomas digestivos— hasta el personal, como cuando experimentas conflictos con tu pareja. Identificar estas alertas te ayudará a saber qué hábitos saludables adoptar para recuperar la tranquilidad.
A continuación, la explicación de los expertos:
El mecanismo biológico

Según el doctor Ignacio Hanna Jairala, médico gastroenterólogo y especialista en neurogastroenterología, cuando experimentas estrés emocional, activas un sistema conocido como eje hipotálamo–adrenal–hipofisiario, a través del cual aumenta la producción de cortisol.
Cuando este mecanismo permanece activado durante períodos prolongados, puede alterar el funcionamiento normal del aparato digestivo. Esto produce:
- Cambios en el movimiento de tu intestino.
- Desarreglos en la composición de tu microbiota.
- Alteraciones en la secreción de ácido y enzimas digestivas.
Asimismo, puede aumentar la permeabilidad intestinal. Esto favorece el paso de sustancias inflamatorias desde el intestino hacia tu circulación, perpetuando un estado de inflamación de bajo grado.
En cuanto a la absorción de nutrientes, explica el médico, el problema generalmente no es una incapacidad para absorber vitaminas o minerales, sino que el intestino y la microbiota pierden eficiencia para cumplir sus funciones. Además, el estrés puede alterar tus hábitos de alimentación y el sueño.
El impacto en tu microbiota y el entorno

“Hoy sabemos que la comunicación entre el cerebro y el intestino es bidireccional. Así como las emociones pueden modificar el funcionamiento digestivo, la microbiota intestinal también puede influir sobre el trabajo del sistema nervioso”, dice el doctor Hanna.
El estrés se asocia con desequilibrios en la composición de la microbiota, conocidos como disbiosis, disminuyendo la diversidad de microorganismos beneficiosos y alterando la función de barrera del intestino.
Como consecuencia, pueden aumentar procesos inflamatorios que no solo favorecen la aparición de síntomas digestivos, sino que también pueden influir en el bienestar emocional y la percepción del dolor.
Síntomas digestivos relacionados con el estrés
Muchas personas atribuyen los síntomas digestivos al ritmo acelerado de vida y los consideran normales, cuando en realidad pueden ser las primeras manifestaciones físicas del estrés sobre el aparato digestivo, refiere el doctor Ignacio Hanna, quien es presidente de la Sociedad Latinoamericana de Neurogastroenterología (SLANG).
Las señales más frecuentes incluyen:
- Distensión, dolor o molestia abdominal.
- Cambios en el hábito intestinal, como diarrea o estreñimiento.
- Aumento de gases.
- Cambios en el apetito en algunas personas, como hiporexia o ansiedad por comer.
Si estos síntomas aparecen de manera repetitiva, persisten durante varias semanas o afectan tu calidad de vida, es recomendable que consultes con un médico especialista.
Como señala el Dr. Hanna, es importante recordar que no todos los síntomas digestivos relacionados con el estrés corresponden a trastornos con base en el aparato digestivo.
Por eso, siempre es relevante descartar enfermedades hormonales, neurológicas o inmunológicas, antes de atribuirlos únicamente a factores emocionales.
Lee también: Microbiota intestinal: el “segundo cerebro” que debemos cuidar
El estrés y los conflictos en tu relación de pareja
Las investigaciones de los doctores estadounidenses Janice Kiecolt-Glaser y Ronald Glaser han mostrado que la manera en que las parejas viven y enfrentan los conflictos puede estar relacionada con la forma en que el cuerpo responde al estrés.
Han publicado sus trabajos en revistas especializadas. Los estudios están disponibles en PubMed Central (PMC), una plataforma de consulta científica de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos. Allí se reúnen investigaciones sobre salud y ciencias biomédicas.
Los científicos investigaron a parejas recién casadas. Encontraron que las conversaciones de conflicto con mayor hostilidad, como las que incluían críticas, sarcasmo, desprecio o falta de apoyo, se relacionaban con cambios en las hormonas y en algunos indicadores del sistema inmunológico.
Además, en un seguimiento realizado dos años después, los investigadores hallaron que las parejas con más conflictos en su relación presentaban una disminución en algunos indicadores de la función inmunitaria. Esto ocurrió al compararlas con las que decían llevarse mejor.
Pero el estrés no solo se refleja en el organismo. También puede cambiar la manera en que miras y entiendes tu relación. De hecho, esta desconexión se amplifica cuando entran en juego los dispositivos digitales, que interrumpen momentos clave de comunicación, como las comidas en pareja.
Las pantallas y la elevación constante de cortisol

En el contexto de la vida moderna, el uso excesivo de la tecnología puede convertirse en uno de los principales estímulos que elevan el cortisol en tu organismo.

La psicóloga clínica Silvia Cordero Encalada explica que este hábito interfiere de forma drástica en tus interacciones cotidianas y genera una serie de dinámicas negativas:
Alerta permanente: revisar tu celular mientras la otra persona habla, cenar mirando una pantalla o pausar conversaciones por notificaciones continuas impide que tu cuerpo reduzca sus niveles de tensión.
Respuesta de estrés: estas interrupciones activan tu sistema nervioso simpático y aumentan la liberación de adrenalina, cortisol y dopamina.
Efectos acumulativos: con el tiempo, este flujo constante de cortisol puede causarte ansiedad, fatiga mental, dificultad para concentrarte y una mayor desconexión emocional.
Según la especialista, tu pareja suele interpretar esa falta de atención visual como un rechazo explícito: “No le importo” o “prefieres las redes sociales antes que a mí”. Esto puede despertar frustración, aislamiento y enojo en ambos.
Herramientas prácticas para reducir la tensión

Cómo identificar tus preocupaciones y dar un respiro a tu mente
Para cortar este ciclo de tensión, Silvia Cordero destaca la importancia de tomar distancia de los pensamientos repetitivos sobre el trabajo, las deudas y otras preocupaciones al llegar a casa.
1- Reconoce tus pensamientos: observa tus preocupaciones sin identificarte con ellas ni permitir que ocupen toda tu atención durante la convivencia.
2- Escribe y planifica: dedica unos minutos al día a escribir lo que te preocupa. Esto te ayudará a estructurar soluciones y a disminuir la incertidumbre, reduciendo así los picos de ansiedad.
Hábitos sencillos para reconectar en pareja
Recuperar la conexión emocional con tu pareja no siempre requiere grandes cambios. La psicóloga Silvia Cordero señala que añadir pequeños hábitos cotidianos puede fortalecer la comunicación, aumentar la sensación de apoyo mutuo y reducir la tensión acumulada por el estrés. Aquí te compartimos algunos de ellos:
- Gratitud diaria: puedes compartir dos cosas que valores o le agradezcas en el día a día. Esto ayuda a enfocar la atención en los aspectos positivos de la relación.
- Escucha activa: te ayudará mucho sentarte frente a tu pareja para escucharla sin interrumpir ni buscar soluciones inmediatas. Puedes iniciar la conversación con preguntas sencillas como: “¿qué tal estuvo tu día?”.
- Respiración sincronizada: una buena idea es inhalar durante 4 segundos y exhalar por 6, junto a tu pareja. Pueden mantener el contacto visual o tomarse de las manos para generar una sensación de calma mutua.
- Planificación compartida: pueden acordar juntos una actividad semanal que ambos disfruten, como caminar, tomar un café o simplemente pasar tiempo de calidad. Ayuda a fortalecer el vínculo.
- Abrazo consciente: compartir un abrazo afectuoso con la persona que amas puede generar una sensación de cercanía, seguridad, conexión y apoyo emocional.
Un nuevo comienzo
Para María José, entender la conexión entre sus emociones y su digestión fue el primer paso para transformar su calidad de vida. Al poner en práctica pequeños cambios en su rutina diaria y buscar el apoyo adecuado, no solo logró aliviar los dolores de estómago, sino también recuperar la paciencia y la cercanía en su hogar.
Es importante tener presente que no tienes por qué resignarte a vivir con malestar: escuchar las señales de tu cuerpo y cuidar tu tranquilidad es la mejor decisión que puedes tomar por ti y por quienes amas.
Conclusión:
El estrés y el cortisol no son tus enemigos; son la forma en que tu cuerpo intenta protegerte. Aprender a escuchar sus señales antes de llegar al límite no es un lujo, es el primer paso para recuperar tu tranquilidad y tu salud.
